Lo que se observa es que también el tráfico vuelve a la normalidad, o sea ruido, contaminación, embotellamientos, y plantones, aunque no con muy buenos procederes pero la gente se transporta en lo que puede o tiene y llega a sus centros de actividad. Es necesaria mucha paciencia y tiempo para llegar puntuales a sus citas y reuniones.
La paciencia ya se considera como una cualidad que debemos tener todos, para aceptar en forma plácida y afectuosa los acontecimientos tal y como son y cuando ocurren, es el único camino que tenemos para conseguir nuestros propósitos. Ser paciente implica abrir nuestro corazón y la mente, para admitir los inconvenientes en un momento determinado, a pesar de que no nos agrade la respuesta. Si te encuentras en un atasco de tránsito y no llegas a tiempo a una cita o a tu trabajo, aceptar las cosas como se presentan si conoces que vas a llegar tarde.
Algunos especialistas recomiendan al público en estas condiciones, ser pacientes, escuchar música adecuada, respirar lentamente y pensar en otras cosas más agradables, para aceptar con tranquilidad los acontecimientos, a pesar de que no te guste hacerlo en ese momento. Es preferible que te hagas la idea, que dentro de esas peripecias, tu llegada tarde es solo una pequeñez que puedes resolver en la forma más adecuada.
Es conveniente que no te sientas molesto ni alterado; ver las cosas con serenidad puede ayudar mejor a resolver esas situaciones difíciles en el momento presente, recordando que no es un problema insalvable, sino un simple obstáculo que hay que solucionar. Al no proceder con la paciencia adecuada, puede convertirse ese hecho, en una emergencia, adornada con frustración y presión sanguinea alterada, y la verdad que todo eso no merece la pena dedicarle más atención.
Aprender a ser paciente, es una manera fantástica de hacer frente a circunstancias imprevistas, en lugar de insistir en que la solución debería ser en la mejor forma que te acomode, si aceptas las cosas como se presentan, puedes convertirte en la persona más plácida y tranquila, descubriendo que comienzas a disfrutar de momentos que anteriormente solían causarte frustración y enojo.