jueves, 15 de marzo de 2012

DECIDIR OPORTUNAMENTE PARA VIVIR MEJOR.

Ayer tuve un desayuno grupal con doce compañeros de mi generación de hace cincuenta y ocho años y la verdad es muy grato recordar vivencias de estudiantes y ahora ver a hombres realizados y la mayoría de ellos, ya jubilados y dedicados a otras actividades. En el grupo había dos enfermitos con sospechas de afecciones graves que ponen en riesgo su existencia (cáncer). Uno de ellos celebraba su cumpleaños 83 y llegó en silla de ruedas conducido por un enfermero que le resolvía todos sus problemas de asistencia y traslado, aun de Cuernavaca a México. El otro compañero con pocos años menos de edad y con mejor desplazamiento (que me tocó sentarme junto a él en la mesa), se refería a mi edad y le respondí que en diciembre había cumplido 80 años y con una diferencia de tres años calendario, me decía que no había comparación en la calidad de vida de uno y otro. En el comentario me halagó con su plática; y, en ese momento me hízo reflexionar en mis hábitos, costumbres y usanzas que he seguido hasta hoy durante toda mi vida, para observar un estilo de vida diferente.


En última instancia, esta rápida reflexión hecha, me hízo pensar el resultado de haber optado desde mi juventud con un estilo de vida que siempre ví en mi casa paterna y que durante mi trayectoria de juventud siempre trate de manejar, de pensar, de creer, de sentir y de hacer respecto a las reglas por mí aprendidas y seguidas hasta la fecha.


Y ahora ya reflexionando con más calma y tiempo, es lo que me hace pensar que en última instancia, han sido mis decisiones y no las condiciones de vida, lo que ha determinado mi "calidad de vida" como mencionó mi amigo durante la plática que sostuvimos ayer.
El modo en que todos vivimos hoy, es resultado de como nosotros decidimos subsistir de jóvenes, si decidimos estudiar o no hacerlo, el tipo o clase de religión que deseamos practicar, si decidimos abandonar o perseverar en algún ideal, seleccionar el lugar donde nos gustó vivir, casarnos o permanecer solteros, si decidimos tener hijos o no, fumar o ser alcohólicos. Todas estas decisiones que tomamos en algún momento de nuestra vida, es lo que nos ha controlado o dirigido literalmente nuestra existencia.


Si en algún momento decidimos cambiar de vida, hemos de pensar algunas decisiones nuevas, respecto a la actitud que vamos a tomar y de las nuevas rutinas que vamos a seguir.
Estas libertades para decidir forman parte del libre albedrío que tenemos todos para seleccionar lo que nos conviene hacer ya sea para bien o no. Muchas personas hacen afirmaciones como: voy abajar de peso, voy a empezar a ejercitarme, voy a realizar un viaje por medio oriente, voy a iniciar un nuevo negocio; todas estas son expresiones de lo que la gente quiere hacer, pero una cosa es tomar una decisión y otra muy diferente es cumplirla para realizar verdaderamente lo que se tiene en mente hasta lograr su objetivo.


Para tomar esta clase de decisiones no interviene el género, la edad, la época o las posibilidades para que una persona decida las cosas por realizar, sino entra mucho en juego la fuerza de voluntad y su disciplina para cumplir sus deseos, sabiendo qué es lo que le conviene hacer para mejorar su vida y cumplir sus objetivos propuestos.

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