Cierto es que nos hemos visto envueltos en campañas publicitarias y sistemas de mercadotecnia impuestas por varios medios de difusión y en ocasiones hasta telefónicos, donde nos ofrecen toda clase de facilidades en disponibilidades inmediatas para uso, transporte, entrega y plazos, que muchas gentes al apreciar las facilidades que les ofrecen, adquieren esos productos aunque muchas veces no sean necesarios para su consumo.
Este ritmo de incidencias, hace un caminar más lento o un viaje más pesado, sin interés en la vida, aumentando las cargas de equipaje que se van acumulando y nos hacen sentir moralmente débiles y presionados y cuando repercute el exceso de presiones que dañan nuestra salud, y esta vez con pocas posibilidades de mejorar las cosas.
Muchos de los que nos negamos a eliminar los objetos de nuestra propiedad que tenemos amontonados y no los utilizamos, demostramos con ello un sentimiento de pobreza, al suponer que no poseemos suficiente ropa, carecemos de suficiente dinero, de afecto, de amor o de alabanzas y lo único que ocurre es que nos hemos aferrado a ideas de posesión. En esos casos es conveniente revisar los lugares intocables como estantes, cajones y armarios tanto en casa como en la oficina y empezar a eliminar cosas de poca o nula utilidad como libros que no serán leidos, ropa que no será usada, cosméticos ya caducados, prendas de vestir pasadas de moda, archivos que no se revisarán jamás, así como otros recuerdos inútiles.
En un principio resulta defícil desprenderse de todas esas cosas que creimos podrían servir alguna vez, pero cuando nos damos cuenta que fue lo mejor que hicimos, nos sentiremos más tranquilos, más ágiles y en condiciones de disponer únicamente de lo que nos resulta de utilidad. Todo esto nos crea una sensación de alivio al darnos cuenta de que fueron cosas que no necesitábamos más.
Cuando las personas son adictas al "más - mejor - óptimo", acumulan bienes que les hacen prisioneros de la responsabilidad, ya que disponen de varios coches, grandes casas y pagan toda clase de seguros para no perder sus propiedades y lo peor ocurre cuando están llenos de preocupaciones por estar cuidando muchas cosas que no utilizan, dedicando más tiempo a la atención de sus negocios y dejando poco espacio para disfrutar de la vida con sus familiares y con sus amistades. Estas personas se ven con frecuencia consultando médicos, centros de salud y no viven con agilidad y libertad. Las cargas que ellos llevan a cuestas, resultan más pesadas y presisonadas.
Ese estilo de vida procede de la influencia de una conciencia de pobreza, se origina en una necesidad de mayor control y dominio, surge de la inseguridad y seguimos sin entender que existan muchos ricos que más bien pueden ser considerados como "pobres acaudalados", y cuando platicamos con ellos siempre se están quejando de cuestiones pasajeras, que no han alcanzado buena vida, pero abandonados de todo lo maravilloso que nos ofrece la vida.
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