viernes, 17 de febrero de 2012

TENDER LA MANO, SER FELIZ.

Un comentario al márgen sosbre el día del amor y la amistad, ahora que está tan reciente el haber visto las muestras de afecto el 14 de febrero, vale la pena citar aquellos casos de familioas desunidas por algún resentimiento, mal modo o algún malentendido, del que surge un distanciamiento interfamiliar que puede llegar a durar: semanas, meses o años, por alguna discusión malentendida y se origino una enemistad, los participantes dejan de hablarse (sin importar el grado de parentesco que los une) en perjuicio de las buenas relaciones familiares, y por testarudez esperan, a que la otra persona les tienda la mano, convencidos de que será la única solución para reiniciar nuevamente la relación familiar. Estos casos son comunes en varios niveles de la gente y conozco dos eventos en separación de familias que pasan por esta situación y han durado varios años de sepulcral silencio; uno por cuestiones de herencia paterna con cinco años de separación radical, y otro por venta de un terreno de propiedad materna cuyo hijo vendió con documentación falsificada, lo que provocó una demanda judicial.
En ambos casos estoy seguro, si alguno de los familiares tomara la iniciativa de hablarse se terminarían muchos rencores y tal vez hasta odios mal fundados, como suele ocurrir en asuntos cuando alguna de las partes lleva el riesgo de tender la mano a su oponente, todos saldrían ganando, pero las costumbres establecidas en el tiempo, han demostrado que las cosas permanecerán así durante más tiempo.
Con esta situación se demuestra que cuando damos importancia a un tema, existe tal cantidad de antipatía rencor, que las "pequeñeces" se llegan a convertir en asuntos importantes "irresolubles" en la mente de cada uno de ellos.
Los participantes guardan tal inquina y colocan estos asuntos como las cuestiones más importantes, haciendo caso omiso de buscar su felicidad.
Tener razón nunca puede ser más importante que ser feliz y la única manera de conseguirlo, será tender la mano sincera, si el único precio que se paga es que otros sean los que tienen la razón.



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